Duelo: cómo la psicoterapia puede ayudarme.

A lo largo de nuestra vida, es inevitable tener contacto con la pérdida, ya sea el fallecimiento de un ser querido, la muerte de una mascota, la ruptura de una relación de pareja, el fin de una amistad, la pérdida de un trabajo, el dejar atrás mi vida para mudarme a otra ciudad o a otro país…


Todas estas pérdidas en nuestra vida generan un proceso psicológico, al que conocemos como duelo. Este proceso es una reacción de nuestro organismo totalmente normal. Necesitamos poder aceptar esta pérdida y volver a construir nuestro día a día sin la presencia de esa persona o ese trabajo que organizaba nuestra vida. Imagina que finalizas una relación de varios años con tu pareja; seguramente tendríais vuestra rutina establecida, habríais creado vuestra propia forma de comunicaros, vuestro lenguaje… y, el dejar atrás todo esto, supone un gran impacto emocional.


El proceso de duelo puede entenderse como conducir un vehículo. Nosotros transitamos por paisajes que nos son conocidos. La pérdida sería como encontrar un túnel en nuestra carretera. Este túnel es oscuro y desconocido, y es normal que nos de miedo. Simboliza todas las emociones por las que necesitaremos transitar y todas las tareas que tendremos que afrontar en esta travesía. En primera instancia, podemos frenar e intentar negar que tengamos que atravesar ese túnel para continuar nuestro camino. Esta negación, en un principio, es útil, nos permite tener un tiempo en donde prepararnos para empezar a adentrarnos en ese túnel.


Atravesar ese túnel, por tanto, implica estar en contacto con muchas emociones: sentir rabia, tristeza, culpa, impotencia, frustración todas ellas conmigo mismo, con el mundo o con los otros… y también, encontrar cómo puedo darle un sentido a mi vida, a mi rutina, a mis relaciones, a mi ocio, sin la persona o situación perdida.


Cuando nos permitimos conducir por este túnel y lo atravesamos, el proceso de duelo se resuelve de manera natural.


Sin embargo, cuando no sabemos cómo relacionarnos con las emociones, estas pueden ser muy desagradables e incluso, podemos tratar de huir de ellas y evitarlas, ocasionando dificultades en el correcto procesamiento de la pérdida, sufrimiento, malestar, dificultades persistentes de autoestima, sensación de soledad, de forma persistente…


Es en estos momentos, cuando podemos acudir a un psicólogo, que actúe como nuestro copiloto para atravesar ese túnel, y nos ayude a elaborar ese duelo, recordar a la persona perdida sin sufrimiento y reintegrar nuestra vida.


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