Evitación emocional ¿Qué es y qué podemos hacer?

La emoción es una reacción fisiológica (cambios corporales, visibles e internos), cognitiva (como atendemos, como lo representamos) y fenomenológica (lo experimentamos subjetivamente); que nos prepara para la acción, ya puede ser huir, vomitar, atacar, afirmarnos, llorar o elaborar una pérdida; y que se dispara automáticamente por la evaluación (muchas veces inconsciente) de un estímulo externo o interno, respecto a las metas y necesidades que tenemos. Sin embargo, no existen emociones buenas o malas, las emociones lo único que nos aportan es información, nos expresan qué algo está sucediendo. Por ello, la función principal de la emoción es la adaptación para la supervivencia.

Ha aumentado la creencia en las personas de que lo que tenemos que enseñar de nosotros mismos es la “cara buena”, los momentos en los que estamos felices o nos sentimos bien, ocultando al mundo los momentos en los que esto no es así. Por ejemplo, las redes sociales están llenas de momentos mágicos y maravillosos, pero muy rara vez se muestra lo contrario. Estamos recibiendo continuamente el mensaje de que tenemos que estar bien.

Frente a esto y ante otras muchas situaciones, surge una estrategia de afrontamiento muy común que es la evitación emocional. Esta estrategia trata de evitar experimentar las emociones que creemos que son negativos, es decir, que nos generan malestar; ya sea porque la intensidad de la emoción o porque creemos que, si expresamos esa emoción, la gente de nuestro alrededor no lo aprobará. Por lo general, son las emociones de miedo, asco, triste y enfado o ira, las que se evitan.

La evitación emocional puede ser tener efectividad a corto o medio plazo ya que al usar esta estrategia no aparece el malestar, sin embargo, a largo plazo puede ocasionar grandes problemas en las personas.

Entonces, ¿Qué podemos hacer?

  1. Tomar conciencia de la emoción que estamos experimentado. Se trata de observar lo que estamos sintiendo sin hacer ninguna clase de juicio, simplemente centrarnos en la emoción y en las sensaciones corporales.

  2. Comprender la emoción. Entender de dónde nace esa emoción, por qué se está experimentando. De esta manera podremos interpretarlas.

  3. Exteriorizar la emoción. Cuando le ponemos nombre a lo que estamos sintiendo, automáticamente surge una sensación de control sobre aquello que nos sucede. Lo podemos exteriorizar de muchas maneras, por ejemplo, hablando con otras personas o con nosotros mismos, o escribiendo acerca de lo que estamos experimentando.


La felicidad se consigue cuando ponemos de acuerdo la razón y la emoción con nuestras acciones”.

Toni García Arias


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