Trastorno histriónico de la personalidad: más allá del drama
El trastorno histriónico de la personalidad es probablemente uno de los más juzgados e incomprendidos de todos los trastornos de personalidad. Etiquetas como «dramático», «exagerado» o «manipulador» suelen acompañar a las personas que lo padecen a lo largo de su vida. Pero detrás de esa máscara de intensidad y desbordamiento emocional suele haber una persona con una herida vincular y de autoestima profunda.
¿En qué consiste el trastorno histriónico de la personalidad?
El trastorno histriónico de la personalidad (THP) se define como un patrón persistente de emotividad excesiva y una necesidad constante de aprobación y atención. Según el DSM-5, se podría diagnosticar si la persona presenta al menos cinco de los ocho criterios siguientes:
- Necesidad de ser el centro de atención: la persona experimenta una incomodidad significativa cuando, dentro de un grupo, no ocupa ese lugar central.
- Interacción social seductora o provocativa: dentro de sus interacciones, los comportamientos se caracterizan por ser muy seductores o provocativos, buscando atraer la atención de los demás.
- Labilidad e intensidad emocional: presenta cambios emocionales rápidos y emociones muy intensas.
- Uso del aspecto físico: tiende a utilizar su apariencia física como otra vía para captar la atención.
- Estilo de habla superficial: tiene un estilo de hablar exageradamente subjetivo y carente de detalle.
- Dramatización: muestra las emociones de una manera muy teatral o exagerada.
- Sugestionabilidad: es una persona fácilmente influenciable por los demás o por las circunstancias.
- Idealización de las relaciones: tiende a considerar sus relaciones como algo mucho más íntimo o estrecho de lo que realmente son.
¿Qué hay detrás del trastorno histriónico? Factores que contribuyen a su origen
No existe una causa única. Normalmente, en terapia observamos que el trastorno se desarrolla por la interacción de varios factores.
Factores genéticos
Existe evidencia científica de que hay un componente hereditario en los trastornos de personalidad. Las personas con antecedentes familiares tienen más probabilidades de desarrollarlos, aunque la genética por sí sola no determina el resultado.
Traumas en el apego
Es frecuente encontrar que son personas que se criaron en un contexto condicional, en el que solo recibían la atención necesaria cuando tenían conductas muy dramáticas o exageradas. Como método de supervivencia en ese entorno, la persona desarrolló la tendencia a la dramatización y la exageración como única vía para obtener validación.
Conducta aprendida
En ocasiones, la persona se crió con un cuidador que mostraba los mismos comportamientos dramáticos, teatrales o excesivamente sexualizados, por lo que simplemente los empezó a imitar como forma de relacionarse con el mundo.
Cómo afecta el trastorno histriónico a las relaciones
Convivir con este trastorno en la vida adulta genera una paradoja dolorosa: todo nace desde una desesperación por conseguir afecto y conexión, pero la intensidad y la dramatización suelen abrumar a los demás, consiguiendo precisamente el rechazo que la persona temía y trataba de evitar. Eso, a su vez, refuerza la idea de «tengo que esforzarme más la próxima vez para que no me dejen».
La ilusión de la intimidad
Existe una tendencia a idealizar, por lo que con cualquier persona que acaban de conocer interpretan una relación mucho más estable y segura de lo que realmente es. Tienden a confundir la intensidad con la profundidad.
El aburrimiento emocional
Debido a la labilidad y la intensidad emocional constantes, a estas personas les cuesta permanecer en un vínculo seguro y estable. Confunden la calma con el abandono o el desinterés. Eso hace que su sistema se active, provocando crisis, celos o dramas para buscar la atención del otro, pero acabando por provocar exactamente el abandono que tanto temían.
Reacciones intensas frente al rechazo
Situaciones que otras personas vivirían como menores, como un cambio de planes a última hora o un mensaje sin contestar durante un rato, disparan en estas personas un miedo intenso que las lleva a buscar la reparación del vínculo de forma urgente: con conductas muy sumisas, con seducción desesperada o, por el contrario, con un ataque de ira que en realidad busca el acercamiento del otro.
Hipersexualización o erotización
En muchas ocasiones utilizan la seducción o el flirteo como forma de despertar el deseo en el otro, incluso en contextos inapropiados como el trabajo o con parejas de amigos. No necesariamente están buscando un encuentro sexual, sino atención y validación. Además, las disfunciones sexuales son bastante habituales: el cuerpo se utiliza como gancho, pero cuando el otro responde a esa invitación, la persona puede sentirse asustada o instrumentalizada sin ser del todo consciente de haber sido quien inició esa dinámica.
Sugestionabilidad y pérdida de identidad
En su búsqueda constante de aprobación, suelen cambiar de opiniones, estilos de ropa o hábitos, tratándose de adaptar al entorno en el que se encuentran para conseguir integrarse y captar la atención del grupo. Eso genera una sensación de no saber muy bien quién son realmente.
Intolerancia a la soledad
Cuando se encuentran solos, sin conexión con otros aunque sea virtual, sienten una sensación de vacío tremenda que los lleva a miedos muy profundos y antiguos: ser invisibles o no importar a nadie.
Agotamiento del entorno
Por mucho que el objetivo sea encontrar conexión y validación, las conductas intensas, dramatizadas y constantes hacen que el otro se agote de estar validando y cuidando permanentemente y necesite espacios de descanso. Eso, a su vez, es leído e interpretado como un abandono o como algo egoísta.
Invalidación de los problemas de los demás
Dado que necesitan sentir la atención y la validación constante, cuando los demás requieren esa misma atención para sí mismos, se genera un conflicto: tienden a invalidar o minusvalorar los problemas ajenos para volver a colocar los suyos en el centro.
Tratamiento del trastorno histriónico de la personalidad
A pesar de ser un trastorno crónico, la persona puede conseguir mejoras muy significativas con un proceso terapéutico adecuado. En North trabajamos el trastorno histriónico de la personalidad desde un enfoque integrador especializado en trauma. El abordaje se estructura en las siguientes fases.
1. Vínculo terapéutico y trabajo de la vergüenza
Estas personas están acostumbradas a que cada vez que explican lo que les ocurre sean catalogadas como «exageradas» o «dramáticas». Eso suele generar una fuerte sensación de vergüenza o culpa que las lleva a ocultar lo que sienten y a evitar hablar de ello. Por eso es vital crear un contexto seguro y libre de juicio donde puedan expresar realmente lo que les ocurre sin miedo a ser rechazadas.
2. Regulación somática y tolerancia al vacío
Son personas que están constantemente desreguladas emocionalmente y que tienen una tolerancia emocional muy baja, lo que las lleva a somatizar muchas de sus sensaciones. Es fundamental realizar un trabajo emocional que les permita ir ampliando poco a poco su ventana de tolerancia, aprendiendo a reconocer mejor sus emociones y trabajando para que puedan empezar a interpretar el aburrimiento, la calma o la neutralidad no como una señal de peligro o de abandono, sino como estados seguros.
3. Desarrollo de la identidad
En esa búsqueda constante de aceptación y atención, estas personas tienden a adaptarse al contexto en el que están, por lo que no ha habido un desarrollo sólido de la identidad propia. En esta fase se trabaja una pregunta fundamental: ¿quién eres tú cuando nadie te mira? Se explora la diferencia entre el yo real y el yo máscara que aparece cuando hay más personas alrededor, se empieza a dar valor a las propias emociones, necesidades y gustos, y se trabaja por generar una voz interna saludable que autovalide y trate con compasión, reduciendo así la necesidad de validación externa.
4. Procesamiento del trauma
Lo más habitual en terapia es encontrar que estas personas han vivido un desarrollo infantil en un contexto traumático que las obligó a adoptar estas conductas como forma de supervivencia. Es necesario sanar esas experiencias y reprocesar el impacto traumático que, de alguna manera, sigue condicionando la vida adulta. Para ello se puede trabajar con técnicas como el EMDR, el modelo IFS o el modelo PARCUVE, entre otros.
5. Reentrenamiento relacional y límites
Aunque la intención sea conseguir validación y atención, las conductas que la persona utiliza muchas veces logran justo lo contrario. Por ello, una parte del proceso se centra en desarrollar nuevas conductas y habilidades sociales más saludables: aprender a pedir afecto de forma asertiva y no desde la seducción o el drama. Se comienza dentro de la propia terapia como espacio seguro y se extiende después a todos los contextos sociales en los que la persona interactúa.
Es importante señalar que el objetivo no es crear una nueva máscara para adaptarse a los demás. El objetivo es que todo el desarrollo personal nazca de la propia naturalidad de la persona, liberándose de la esclavitud que supone sentir que tiene que gustarle a todo el mundo.
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